Cuidado de la piel a partir de los 65

Saturday, 18 Jun 2016

Cuidado de la piel a partir de los 65

La población española es una de las que tienen una mayor esperanza de vida del mundo. Atendiendo a datos oficiales, el grupo de personas mayores de 80 años es el que más ha crecido en nuestro país y, en concreto, más del 15% de la población son mayores de 65 años.

 

La piel, como el resto de nuestros órganos, refleja los cambios que se producen en el organismo con el paso de los años. La superficie de la piel se modifica debido a los cambios de las capas más internas: la piel pierde humedad, elasticidad, se altera la producción de melanina y la renovación celular; lo que se refleja en el aspecto y en la disminución de la función barrera protectora que tienen nuestra piel.

 

Una piel joven tiene un aspecto luminoso, terso, suave…, sin embargo, con los años comienzan a aparecer arrugas, manchas, sequedad, flacidez, etc., que cambian nuestro aspecto externo y vienen determinadas no sólo por el envejecimiento, sino también por los cuidados que le hayamos dado, la alimentación, el estilo de vida y factores externos que no siempre se pueden evitar: contaminación, exposición al sol, etc.

 

Los cuidados básicos tanto para el rostro como para la piel del cuerpo deben centrarse en la limpieza y la hidratación. En el cuerpo es importante aplicar lociones y cremas muy nutritivas porque la piel suele tender a secarse por la disminución de la actividad de las glándulas sebáceas y sudoríparas, además de por la aparición de enfermedades como la diabetes.  Hay que aplicarlas a diario, incluso más de una vez al día, insistiendo en las zonas más secas, ya que mejoran el aspecto y el confort de nuestra piel, intentando evitar el uso de lana y otros tejidos más irritantes (fibras, poliéster, etc.).

 

Nos centraremos en el rostro, que es la zona más visible, cuidando la limpieza, la exfoliación, la hidratación y el tratamiento.

 

  • Limpieza: debe hacerse por la mañana, para limpiar las secreciones de la noche, y por la noche, para eliminar los restos de cremas, maquillaje, polución, grasa y otras sustancias producidas por las glándulas sudoríparas y sebáceas. Como la piel suele ser más bien seca, usaremos preferentemente leches o soluciones de agua micelar. Hay que terminar con un tónico que refresque y aumente la sensación de limpieza.
  • Exfoliación: eliminar las células muertas mejora la renovación celular que en esta edad suele ser más lenta.  De esta manera conseguimos mejorar el aspecto y que nuestra piel sea más receptiva a los tratamientos.
  • Hidratación y tratamiento: una piel hidratada no sólo es más luminosa, sino que también es una piel más sana. Los ingredientes van a variar en función de las necesidades. Las pieles con déficit de grasa, necesitarán más nutrición.

 

Las fórmulas reafirmantes, regeneradoras y nutritivas ayudan a mantener la piel suave, más elástica y firme. Por otro lado, los aceites y mantecas vegetales, colágeno, ácido hialurónico, phytoproteoglicanos,  las vitaminas, etc., van a mejorar el aspecto y proporcionan bienestar.

 

Para pieles sensibles se recomiendan activos calmantes como el aloe vera, la caléndula, las algas, el aceite de almendras dulces, etc.

 

Las manchas oscuras son también muy frecuentes en estas pieles. Existen fórmulas despigmentantes eficaces, pero hay que cuidar su aplicación para evitar irritaciones y aplicar fotoprotectores de protección muy alta para evitar que aparezcan de nuevo.

 

El sol es uno de los principales responsables del envejecimiento de la piel, de la aparición de manchas y de patologías más graves. Cuidaremos la fotoprotección incluso en los días nublados.

 

Las manos y los pies también son importantes, por lo que los cuidaremos aplicando cremas nutritivas de día y de noche. Durante el día es deseable que nuestra crema de manos lleve filtros solares para evitar las típicas manchas seniles.

 

Recomendaciones generales:                                                                                                                                                                     

  • No fumar, no beber alcohol y llevar un estilo de vida saludable.
  • Seguir una dieta variada, hacer ejercicio ligero y regular y beber al menos 2 litros de líquido al día.
  • Cuidar y proteger los labios y el contorno de los ojos, ya que es una piel especialmente sensible.
  • Protegernos de la radiación solar tanto en invierno como en verano y evitar exponernos a las radiaciones UV artificiales, tan buscadas para conseguir un bronceado durante todo el año.

 

Esperanza Pastor Velasco
Responsable de Registros Dirección Técnica Cofares

 

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Globalpharma  

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